Ley de Cinematografía

 

México tuvo el mérito de ser el primer país del continente americano de estrenar la tecnología de los hermanos Lumiére y filmar la primera película mexicana “El Presidente de la República paseando a Caballo en el Bosque de Chapultepec” en 1896. Evidentemente el presidente Porfirio Díaz, atraído por la modernidad de Francia, respaldó esta naciente industria, pero sin ser regulado sino hasta más de cuatro décadas después con la Ley Cinematográfico.

Paradójicamente, este forma de comunicación masiva no tuvo acceso la denuncia de los hechos críticos que vivía la clase baja mexicana, sólo se exhibía en varias producciones el lado “bueno” del milagro mexicano, por eso la película del paseo de Díaz causó furor en París, en donde jamás se pensó de la destrucción de casi todo el logro gubernamental con el hecho armado en ciernes, el cual se documentó con esta tecnología como nunca se hizo con otro problema interno de un país.

Entonces, la Revolución Mexicana, en 1917, tomó forma la naciente industria cinematográfica con la empresa Azteca Film, fundada por Mimí Derba, produjo 5 largometrajes de ficción capitalinos, pero hasta 1941, el presidente Lázaro Cárdenas promovió una normativa para obligar la exhibición de películas mexicanas en todas las salas del país, se considera el preámbulo de la ley que se dio forma años después, la cual abrogó el presidente Carlos Salinas de Gortari, en 1992.

En contexto del nacimiento de la normativa, México vivía su “Época de Oro” fílmico en aquel momento, era cuando Estados Unidos estaba inmerso en la Segunda Guerra Mundial y la industria del Hollywood se había convertido en aparato de propaganda de ese país, y la norma decretada permitió proteger los productos fílmicos mexicanos.

El 14 de abril de 1942, nació el Banco Cinematográfico S.A., por iniciativa del Banco Nacional de México y con apoyo moral de la presidencia de Manuel Ávila Camacho; se dio casos de monopolio de la industria y los empresarios lograron la exención de impuestos de exhibición de películas nacionales e importación de materiales y equipo.

Según historiadores, en 1949 se creó la ley específica para la industria cinematográfica, la cual tuvo su primera reforma tres años después, en 1952. En ellas se requería que las empresas exhibidoras de películas destinaran un 50 por ciento de su tiempo de pantalla a la exhibición de películas, situación que fue cambiada abrogando esta ley por una nueva: la Ley Federal de Cinematografía publicada en el Diario Oficial de la Federación el 29 de diciembre de 1992.

Los sociólogos coinciden que esta ley tardó demasiado en llegar, “la industria ya estaba en decadencia y pretendía renacer bajo el slogan de Nuevo cine Mexicano apoyado con campañas del IMCINE”, dijo el académico de la UNAM, Alejandro Cordero León.

A largo de más siglo de producciones cinematográfico mexicano, hay incontable obras que nunca se logró estrenar en el momento, fueron “enlatados” y censurados por el gobierno por su crítica al sistema de gobierno, ahí está el más reciente caso “Ley de Herodes” que se cercenó contenidos en contra del PRI-gobierno, en 1999.

La actual ley sufrió su última modificación el 15 de diciembre de 1998 con el presidente Ernesto Zedillo, y se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 5 de enero del 1999, se modificaron los artículos 3º, 4º que permite a los estados y municipios coadyuvar en el desarrollo y promoción de la industria cinematográfico, mediante convenios con instancias federales.

El artículo 6º permite evitar la experiencia anterior de enlatar obras y conservarlo en su integridad. También se proteger los derechos de los participantes en cada película con la actualización del artículo 9º.

En si la modernización de la ley permite atacar monopolios, rendición de cuentas, entre otras enmiendas que pone a México en igualdad de circunstancias con otros países en estos tiempos de la modernidad, sin embargo el actor Damián Bichir dice que para salvar al cine mexicano falta que la ley reactive la producción, haya más espacios en las salas y una competencia más equitativa ante los grandes productores estadounidenses.

Han sido muy poco producciones documentales por falta de apoyo, los grandes consorcios televisivos, Televisa y TV Azteca, no muestran interés de reflejar la realidad mexicana, casi se vive la misma circunstancia cuando Porfirio Díaz quiso mostrar al mondo su influencia francesa en su personalidad.

 

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